Un día en ruta

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De Porto das Flores partimos a la mañana siguiente. Eran los primeros días de septiembre, estaba terminando la temporada seca y se notaba mucho en la vegetación.

Justo en esa época florece el lapacho amarillo adornando el camino mágicamente ✨

A media mañana nos sentíamos un poco bajos de energía y nos detuvimos en un paraje a comer un sandwich de tomate y café con azúcar que nos invitaron. A veces llevamos café frío con azúcar en nuestras cantimploras, es un buen energizante instantáneo en ruta.

Seguimos pedaleando y desde el asfalto vemos una piedra gigante increíble, estábamos llegando a Montserrat. Era mediodía, la ruta terminaba en la plaza con una iglesia muy vieja enfrente, una represa y la vista a la piedra. Ese día fue exepcional, el universo tenía un plan para el que no estábamos muy preparados. Nunca fue tan trabado encontrar un lugar donde dormir. Ya era de noche cuando llegamos al Hotel Fazenda Santa Helena donde nos dejaron armar la carpa en el parque. Solo que no fue tan fácil.

El día fue mentalmente agotador y por la noche no pude dormir de corrido porque atrás nuestro pasaban trenes de carga.
A las 7 horas de la mañana siguiente ya nos encontrábamos en ruta otra vez, encantados con la piedra y agotados por todo lo demás.

Um dia na estrada

De Porto das Flores saímos na manhã seguinte. Eran os primeiros dias de setembro, estava terminando a temporada seca e daba para ver na vegetação. Nessa época florece o ipê amarelo, decorando magicamente a rota.
Pouco depóis nos sentíamos baixos de energia e paramos em um vilarejo para comer um sandwich de tomate e um café com açúcar que a moça da mercearia nos convidou. As vezes levamos café frio com açúcar em nossas garrafinhas, é um bom energizante instantâneo na estrada.

Vemos uma pedra gigante incrível desde a estrada. Estávamos chegando em Montserrat. Era meio-dia, a estrada terminava em uma praça com uma velha igreja na frente, uma represa e vista para a pedra. Aquele dia o universo tinha um plano para o cuál não estávamos preparados. Já era de noite quando chegamos no Hotel Fazenda Santa Helena onde nos deixaram montar a barraca no gramado. Só que isso não foi tão simples.
O dia foi mentalmente desgastante e pela noite não consegui dormir direto por causa dos trens de carga que passavam atrás de nós.
As 7 horas da manhã já estávamos na estrada novamente, encantados com a pedra, exaustos por tudo o resto.

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